Siempre pensé que iba a ser desdichada, por eso lo hice. Mi madre y mi tía nunca entendían nada, para ellas la obediencia y el respeto eran las únicas normas. Mi hermano era el único predestinado a una buena vida, siempre y cuando hubiese querido, claro. Pero a mis diez años sólo veía lo triste y oscura que era mi existencia, existencia que tomaba color el día de reyes, cuando mi tío Eugenio nos traía los únicos regalos de ese día y nos sacaba una foto. En ésta tenía unos siete años, abrazaba la muñeca con fuerza y deseaba que el día no acabara nunca. Sabía que al día siguiente volvería a mi traje negro, a limpiar la casa, a ser infeliz…
Por eso tomé la decisión que tomé. En parte tengo que agradecérselo a ellas, mis verdugos. Me habían mandado a limpiar el trastero. Mis hermanos y yo lo odiábamos, era un cuarto pequeño lleno de telarañas y trastos viejos, entre ellos, nuestros regalos de reyes. La muerte de mi tío fue la excusa perfecta para ellas, y por fin tirar aquellos juguetes y ropa de único estreno.
Recuerdo que no podía dejar de llorar mientras iba tirando todas aquellas cosas que nos habían hecho ser niños durante un día; aquellas ropas, casi nuevas, casi perfectas, metidas en el trastero sin lavar y apestando a humedad. Sueltas y sin orden, las fotos, donde aparecían las mismas caras llenas de odio y desesperación, y, tirado en un rincón, un libro con las páginas llenas de frases en rojo…
Mi analfabetismo no era tan grande como mi curiosidad, que había hecho que muchas noches mirara los libros de escritura de mi hermano y pudiera distinguir algunas letras, algunas palabras. Entendí lo justo como para saber que era mi oportunidad, que no había marcha atrás. Pinché mi dedo y dibujé un círculo en la foto y con mano torpe escribí con sangre mi deseo…
Han pasado muchos años desde entonces. Todavía hoy se recuerda el aparatoso incendio de la casa de la esquina, donde murieron todos, excepto yo, que milagrosamente sobreviví en el trastero. Y esa fue mi salvación, fui adoptada por mi tía Nieves, la mujer de mi tío Eugenio, y desde entonces mi vida no ha podido ser más feliz, todo lo que he deseado lo he tenido. Soy una mujer con suerte, con suerte y con muchos deseos que satisfacer…